No hacia falta que nadie aclarase nada, la cara de Lore lo decía todo: era evidente lo deprimida que estaba por estar sentada en la mesa de ese local de comida rápida a las 12 de la noche, pero su novio había elegido ese lugar para ir a cenar. No podía dejar de reprocharle a Dios por qué tenía tanta mala suerte, por qué entre tantos hombres justo el suyo tenia que ser un tacaño miserable que era incapaz de llevarla al restaurante top de la ciudad. ¡Eso era lo único que realmente necesitaba esa noche para sentirse una persona completamente feliz!
Pero la suerte nunca había estado de su lado. No había tenido la fortuna de nacer bonita, y las numerosas cirugías estéticas que se había realizado no la habían transformado como ella pensaba que lo harían. Por eso debía confirmarse con esos pocos hombres que a pesar de todo querían salir con ella. ¿Quién podría negar que era realmente una persona desafortunada?
A tan solo unos metros, en la puerta del mismo local otra Lore lloraba de la emoción. No podía creer lo que estaban viendo sus ojos, ¡tan solo en la octava bolsa de basura que revisaba esa noche había encontrado dos hamburguesas sin terminar! ¡Se sentía la persona con más suerte del mundo, iba a poder llevarle algo para comer a sus hermanitos después de dos noches seguidas de irse a dormir sin nada en el estómago! ¡Y encima, qué lujo de comida, nada menos que unas hamburguesas casi sin tocar!
Con las manos ennegrecidas de tanto andar en la calle se secó las lágrimas que limpiaron su cara, dejando a la vista un rostro tan bello que solo las personas bendecidas por el azar tenían. Pero pronto sus rasgos se endurecieron, y recomponiéndose rápidamente de la emoción, guardó en su bolsa de supermercado la reliquia que había encontrado y echó a correr, antes que alguien pudiera robárselas. Mientras se alejaba de aquel lugar, empezó a pensar en lo felices que iban a estar sus dos hermanitos cuando vieran el manjar que los esperaba esa noche, y no pudo evitar escapar una sonrisa. Fue en ese momento cuando miró al cielo para agradecerle a Dios por haber hecho que la suerte estuviese de su lado esta vez.
¡Qué injusto que puede ser el mundo a veces! ¡Si tan solo la suerte nos diera lo que necesitaríamos, Lore no tendría que sufrir día a día tantas penurias en su vida!. Pero la suerte, de vaga que es, solamente se ocupa de cumplir con pequeños pedidos, como darle a una persona dos hamburguesas con queso.
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